6.5.2026. Por: Gabriel Ríos Malan
La industria argentina atraviesa un período prolongado de retracción que, según el diagnóstico del sector PyME, ya se extiende por casi tres años sin señales firmes de recuperación. El presidente de Madexa y secretario general de la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires (CEPBA), Diego Principi, describió un escenario marcado por la caída de la actividad, el impacto de la apertura importadora y una estructura productiva que opera bajo fuertes restricciones de demanda.
“A excepción de algunos sectores de la industria muy de nicho, en general todas están alcanzadas por las generales de la ley, y esto significa que llevamos 30 meses de un nivel de actividad insuficiente, con caídas en promedio de un 50%, aunque hubo períodos muy breves en este lapso que experimentamos alguna tibia tendencia de recuperación, pero no se sostuvo en el tiempo”, explicó el dirigente al analizar la magnitud del deterioro industrial.
Uno de los puntos centrales del análisis es el impacto de la apertura de importaciones. En un primer momento, el proceso generó incertidumbre en la industria local, pero con el correr de los meses el efecto resultó más complejo.
“Al principio el temor era que este proceso de apertura se tradujera exclusivamente en mayor competencia, pero luego tuvo un impacto en lograr una considerable mejora en la competitividad”, explicó el también directivo de la Cámara La Plata Oeste (CALPO).
Sin embargo, advirtió que ese factor positivo no alcanza para revertir la situación general del sector porque “aunque esta mejora antes mencionada no logra compensar el efecto de la gran recesión que experimenta la demanda. Por lo tanto, algunos podemos expresar que estamos ‘competitivos’, pero el mercado está muy restringido por la falta de demanda y el aumento de oferta fruto de importaciones”.
El dirigente sintetizó la situación actual de la industria con una imagen gráfica cuando afirmó que “estamos sometidos a una ‘Doble Nelson’ que nos tiene inmóviles”.
El concepto refleja, según su interpretación, una presión simultánea entre la caída del consumo interno y la mayor competencia externa, en un contexto donde la capacidad instalada enfrenta dificultades para sostener niveles de producción.
Incentivos e inversión
Respecto del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), Principi adoptó una mirada prudente, sin descartar su potencial impacto pero subrayando la necesidad de resultados concretos.
“Considero que todo programa de incentivo es mejor que no tenerlo”, afirmó. No obstante, señaló que su verdadero valor dependerá de su implementación efectiva y de los resultados que pueda generar en el entramado productivo.
En ese sentido, planteó que el desafío será medir su impacto real. “Habrá que ser pacientes y evidenciar si se produce el tan anhelado derrame”, sostuvo.
Sobre la posibilidad de inserción de las PyMEs en sectores estratégicos como Oil & Gas y minería, que en los últimos años vienen ganando peso en la economía argentina. Principi se mostró optimista porque “detrás de todo gran actor en una ‘cadena de valor’, hay cientos de ‘eslabones’ que son PyMEs”.
Sin embargo, advirtió que estos sectores requieren niveles elevados de especialización, tecnología y capital humano, lo que plantea desafíos adicionales para el entramado productivo local. En particular, mencionó la necesidad de “desarrollo tecnológico y alta disponibilidad de recursos técnicos y humanos especializados”, en un contexto donde la oferta de mano de obra calificada todavía es limitada.
También vinculó este fenómeno con el desarrollo de proyectos de gran escala como Vaca Muerta, que en los últimos años ha impulsado inversiones en infraestructura y demanda de servicios asociados.
En relación con la necesidad de una política industrial, el dirigente consideró que “es vital para cualquier país que pretenda considerarse desarrollado y tener un abundante nivel de empleo calificado, con exportaciones de alto valor agregado”, sostuvo.
En ese marco, identificó tres condiciones estructurales indispensables. La primera es “un sistema de formación integral que garantice niveles de habilidades adecuados para este proceso de desarrollo”, señaló, al advertir sobre la escasez de mano de obra calificada.
La segunda condición está vinculada a la infraestructura, especialmente energética y logística, clave para sostener la competitividad industrial. Y la tercera es el sistema financiero porque “durante décadas sobró el crédito al consumo y no fue prioridad real el fortalecimiento del tejido industrial pyme argentino”.
En el plano laboral, Principi cuestionó la resistencia a las reformas normativas y señaló que “debemos dejar de demonizar todas las iniciativas de aggiornamiento de nuestra legislación laboral con el argumento que afectará el empleo”.
A su vez, planteó que el esquema vigente no ha logrado generar empleo suficiente y señaló problemas estructurales vinculados a la litigiosidad laboral, que impactan especialmente en las PyMEs.
Aunque consideró que las modificaciones recientes son insuficientes, sostuvo que representan una mejora respecto del régimen anterior y destacó la necesidad de revisar modelos aplicados en otras economías.
En materia impositiva, fue categórico al describir que el sistema actual “es la columna vertebral del problema”. Asimismo, advirtió sobre la complejidad del esquema tributario “con casi dos centenares de impuestos en vigencia, y un perverso mecanismo de sucesión de estos a lo largo de una cadena de valor”.
Para el dirigente, cualquier reforma estructural debe ir acompañada de una revisión del gasto público en todos los niveles del Estado, ya que de lo contrario las distorsiones estructurales persisten.
En el plano empresarial, la situación de Madexa refleja el contexto general del sector. Principi explicó que la empresa se encuentra en un escenario “entre la cautela y la retracción”, en relación con el impacto de la recesión en las decisiones de inversión, producción y empleo. En ese sentido, indicó que se han suspendido proyectos de expansión y ajustado los niveles de actividad a la demanda vigente.
De cara a los próximos años, el dirigente sintetizó las condiciones necesarias para una recuperación sostenida del sector industrial: la consolidación de una política industrial de largo plazo, la implementación de reformas estructurales pendientes y la preservación del equilibrio fiscal junto con la modernización del Estado.
El desafío no pasa solo por medidas puntuales, sino por la capacidad de construir un esquema estable que permita previsibilidad para la inversión productiva y el desarrollo del entramado PyME.