Cuando la política también empieza a limpiar la ciudad

Cuando la política también empieza a limpiar la ciudad

Texto: Santiago Blas.

14.5.2026. Durante muchos años, hablar de medio ambiente en la política parecía un tema secundario.

Algo decorativo. Un discurso lindo para una fecha conmemorativa o una publicación pasajera en redes sociales. Mientras tanto, la basura seguía creciendo, los arroyos continuaban contaminándose y el plástico avanzaba silenciosamente sobre la vida cotidiana de millones de personas.

Pero algo empieza a cambiar en La Plata.

La reciente campaña impulsada por la Secretaría de Ambiente bajo la consigna #chauplástico dejó una pregunta simple, pero profundamente incómoda: “¿Sabés dónde va el plástico que retiramos de tu casa?”

Y quizás ahí esté el verdadero mérito de esta iniciativa. No solamente explicar el recorrido

de los residuos reciclables, sino obligarnos a reflexionar sobre nuestra propia responsabilidad como sociedad.

La campaña, difundida en Instagram, Facebook y X, expone algo que durante años permaneció invisibilizado: detrás de cada botella recuperada, detrás de cada bolsa separada y detrás de cada material reciclado existe una cadena de trabajo, esfuerzo y compromiso social que muchas veces nadie ve.

Y en ese proceso aparece el trabajo político y ambiental que hoy impulsan el intendente Julio Alak y el secretario de Ambiente Guillermo Escudero, intentando darle centralidad a una problemática que ya no puede seguir siendo tratada como algo menor.

Porque el ambiente dejó de ser una cuestión romántica o ideológica.

Hoy el problema ambiental es sanitario.

Es económico.

Es urbano.

Y también es profundamente social.

Mientras un Gobierno nacional ajusta con motosierra el presupuesto ambiental, recortando programas, debilitando estructuras y dejando a miles de vecinos sin una asistencia concreta en materia ecológica y de saneamiento, en La Plata algunos dirigentes decidieron hacer exactamente lo contrario: ponerse el mameluco, arremangarse y caminar al lado de los vecinos para poner en marcha políticas ambientales reales, visibles y territoriales.

Porque cuando el Estado desaparece, la basura avanza.

Y cuando la política abandona el territorio, el deterioro lo ocupa todo.

Por eso esta campaña tiene una lectura mucho más profunda de lo que parece a simple vista. No se trata solamente de plástico. Se trata de presencia. De gestión. De entender que la política también debe servir para cuidar el lugar donde vive la gente.

Cuando un barrio se inunda por residuos acumulados, el problema deja de ser ecológico y

pasa a convertirse en una tragedia cotidiana para cientos de familias. Cuando los arroyos se llenan de plástico, cuando los basurales clandestinos crecen o cuando la contaminación avanza sobre los espacios comunes, la política no puede mirar hacia otro lado.

Y tal vez por eso esta campaña tiene un valor distinto.

Porque intenta explicar.

Concientizar.

Educar.

Pero también humanizar una problemática que muchas veces se discute desde escritorios y no desde la realidad de los barrios.

La participación activa de Guillermo Escudero en la difusión del mensaje muestra además

una decisión política clara: instalar la agenda ambiental dentro del debate público de la

ciudad.

Y alrededor de ese proceso también aparecen dirigentes históricos del peronismo platense como Gabriel Bruera y Mariano Bruera, acompañando una construcción donde la política territorial comienza a vincularse con nuevas demandas sociales, entre ellas el reciclaje, la economía circular y el cuidado del ambiente.

Porque gobernar una ciudad no consiste solamente en administrar recursos. También implica construir conciencia colectiva.

Durante décadas, gran parte de la sociedad convivió con la lógica de usar y tirar. Consumir, desechar y olvidarse. Como si la basura desapareciera mágicamente cuando el camión recolector doblaba la esquina.

Pero el plástico no desaparece.

Queda.

Contamina.

Daña.

Y tarde o temprano vuelve.

Vuelve en el agua contaminada.

En los desagües tapados.

En los terrenos convertidos en basurales.

En el deterioro de la calidad de vida.

Por eso el mensaje de #chauplástico tiene otra profundidad. No apunta únicamente al reciclaje. También intenta instalar algo mucho más importante: reducir el consumo irresponsable y empezar a cambiar hábitos culturales.

Porque la mejor basura es la que no se genera.

Y ahí aparece el verdadero desafío de esta época.

No alcanza solamente con separar residuos si seguimos atrapados en un modelo de consumo descartable permanente. Hace falta educación, planificación y presencia del Estado. Pero también compromiso ciudadano.

La Plata enfrenta enormes problemas estructurales. Inseguridad, crisis económica, deterioro

urbano y desigualdad social. Sin embargo, sería un error pensar que el ambiente queda afuera de esas discusiones. Todo está conectado.

Una ciudad más limpia también es una ciudad más saludable.

Una ciudad que recicla también genera trabajo.

Una ciudad que toma conciencia ambiental también construye ciudadanía.

Y quizás ahí esté el sentido más profundo de esta campaña: entender que el futuro no se construye únicamente con grandes discursos políticos, sino también con pequeñas acciones

cotidianas capaces de transformar la manera en que convivimos con nuestro entorno.

Separar residuos.

Consumir menos plástico.

Respetar el trabajo de los recicladores urbanos.

Cuidar los espacios comunes.

Parece poco.

Pero cuando una sociedad empieza a comprender eso, tal vez la política también empieza —de verdad— a limpiar la ciudad.

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