11:52. En el Año del Centenario de la primera exposición de Florencio Molina Campos, llegó “Costumbres Argentinas”, se puso en marcha una muestra y experiencia inmersiva que invita a redescubrir su obra y el espíritu de nuestras tradiciones a través del arte y la tecnología.
“Florencio Molina Campos. Costumbres Argentinas” es un homenaje al reconocido artista, a cien años de su primera exposición individual (realizada en la Rural de Palermo el 21 de agosto de 1926), con la colaboración del Museo Florencio Molina Campos y la supervisión de contenidos de Gonzalo Giménez Molina, nieto del artista.
Molina Campos construyó una de las cartografías visuales más entrañables y reconocibles del imaginario rural argentino. En sus obras combina la belleza costumbrista, el humor afectuoso y la expresividad de la caricatura. Al capturar la cotidianidad del campo, transformó sus gestos y prácticas habituales en íconos de la identidad nacional.
Hoy, sus pinturas conviven con una propuesta digital que las transforma en una experiencia inmersiva, en una conjunción de tradición y tecnología que evoca uno de los sueños que el artista buscó alcanzar a través del cine.
La muestra está abierta desde el 24 de octubre al 13 de diciembre; de miércoles a domingos, de 14:00 a 20:00 hs, en el Palacio Libertad ubicado en Sarmiento 151 de Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), 2° piso, Sala inmersiva y Sala 206. La entrada es gratuita, sin reserva previa. El ingreso es por orden de llegada, según el cupo de la sala.
Recorrido
En la Sala 206, el recorrido por la exhibición permite acercarse a los ritmos, las costumbres y las formas de sociabilidad de la vida criolla. Las escenas abarcan desde la dimensión festiva del gaucho, marcada por el baile, la música popular, las payadas de contrapunto y las destrezas lúdicas o ecuestres, hasta la intimidad, como compartir un mate o descansar en el paisaje rural.
La muestra también destaca la dimensión pública del trabajo de Molina Campos, especialmente a través de las obras concebidas para su reproducción masiva en los célebres almanaques del siglo XX. Estas imágenes circularon por miles de hogares, comercios y galpones, y se convirtieron en un fenómeno de recepción popular.
En la Sala Inmersiva, una narración audiovisual recrea, a través de la obra del artista, un día en la vida del campo. La experiencia multisensorial envuelve al visitante en los ritmos, los personajes y las atmósferas que definen el universo visual y el espíritu rural de Molina Campos.
Paralelamente, Gonzalo Giménez Molina, único nieto del pintor, continúa por diferentes ciudades del interior con el dictado de su conferencia audiovisual “Molina Campos, mi abuelo. Secretos de su popularidad”.
La muestra de 1926
El 21 de agosto de 1926 (justo el día en el que cumplía 35 años), Molina Campos inició con un sencillo stand en la Rural de Palermo, el camino que lo convertiría en el más popular de los pintores argentinos. Un artista desprovisto de solemnidades que se animó a sacar su arte del marco y ponerlo en soportes masivos, primero con los millones de almanaques que hizo aquí y que ocupaban un lugar destacado en los hogares argentinos, y luego a través de otra edición de almanaques -que triplicó las tiradas anteriores- y que sirvió para difundir nuestras costumbres y tradiciones camperas en Estado Unidos, llegando desde allí al mundo, convirtiendo a sus pinturas en ícono de argentinidad. Las imágenes que acompañan esta nota son de aquella muestra.
“Mi abuelo se quedó con las ganas de darle vida a sus propios dibujos y hacer cine animado, así que estamos trabajando para cumplir su sueño y celebrar sus 100 años de artista, acorde a los tiempos que corren, con una muestra que incorpore las nuevas tecnologías”, cuenta Gonzalo Gimenez Molina, único nieto del pintor, quien desde hace más de 20 años se ocupa junto a su familia del cuidado y difusión de la obra.
“Mientras tanto -agrega- continuamos dictando la conferencia audiovisual “Florencio Molina Campos, Secretos de su popularidad”, para descubrir junto con el público detalles de sus pinturas que pasan desapercibidos, y contándole a los admiradores algunos aspectos poco conocidos de su vida, con idea de que nos ayuden a develar el misterio de su popularidad y encontrar el secreto que encierran esas pinturas suyas, con las que hizo huella en el arte y se ganó el cariño de varias generaciones de público”.
Molina Campos fue mucho más que el pintor de los almanaques. Se valió de ellos para difundir su arte y visibilizar así a los trabajadores rurales y sus costumbres. Por el profundo amor a su Patria les dijo “no” a Walt Disney y a Rockefeller.
“Esa argentinidad que lo hizo destacarse y lo convirtió en embajador cultural (sin credenciales), todavía no tiene un lugar permanente en la ciudad en el que su arte pueda ser disfrutado. Quizá este centenario inspire a funcionarios y/o empresarios para finalmente hacer realidad el “Espacio Molina Campos en la Ciudad de Buenos Aires”, concluyó Gimenez Molina, como expresión de deseo.